Salones vacios
La solemnidad de los salones vacíos, donde ya solo el viento sabe leer los antiguos mensajes en símbolos de piedra, de las voces de aquellos que vinieron pero ya dejaron atrás tantas batallas; sangre, polvo y agua mezcladas que son el sustrato de la tierra, el fermento del vino y la cerveza del triunfo que ahora bebemos, sigue. Gritando, siguen cantando en lo oscuro de sus antiguos salones, en lo oscuro de sus antiguas murallas, piedra ganada y desgastada a sangre y fuego, a hierro y agua. Cabalgando en llanuras inmensamente desoladas donde cada día era un momento o quizá el último instante. Sudor que riega también la tierra como sal y agua bendecida. Saliva mezclada en aceite y harina como pan compartido. Estiércol que nos cobija, que nos alimenta en cada verdura. Pero somos más que esto. Mucho más. Cantos lejanos entre campanas, verdura, tierra, sequedad que nos curte la piel, dejándonos cicatrices que solo quien nos ama sabe reconocer. Quien dibuja en nuestro cuerpo con sus dedos como orugas, quien siembra en nuestro vientre como lluvia fértil. Ay de la estéril maldice la Biblia, pero solo Dios en su infinita misericordia habla en boca de profetas, y lleno de amor pone en sus labios, la estéril será madre de muchos, solo aquel que es dueño de todas las semillas sabe plantar sembrar en la tierra que es suya, reclamada, a pesar de los intentos vamos e intereses espurios. Solo el dueño de la Tierra sabe hacerla fértil; "espera, espera, ten paciencia", susurra como un amante amando, que sabe debe seguir adelante pero se demora en el instante porque sabiéndose dueño de todo, tiene también el tiempo en sus manos, en el vientre de la tierra nunca sembrada; aquella que llamaban baldía y estéril, se cubre de flores, se deja la sangre y el sudor si hace falta. "Espera, ten paciencia", susurra suavemente aquel que podría desencadenar la tormenta y el fuego en un instante; susurra tan suavemente que hace estremecer hasta los huesos de los muertos. Todo es fértil y fecundo en su Palabra. Aquel dueño de las palabras pone las palabras. Aquel que es dueño de las semillas, las planta las siembra, las hace crecer. Porque le duele hasta el tallo que se troncha o la flor que se deshoja. Y respira y late en la hoja y en el tronco, en el suelo que crepita bajo el sol o retumba bajo la lluvia. Todo es ritmo, todo es vida. Para el Señor de la Vida todo es vida y hace fecundo y próspero lo imposible.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home