El reino de MO

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"Yo soy la primera y la última, yo soy la amada y la odiada, yo soy la prostituta y la santa."

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sábado, abril 11, 2026

Salones vacios

La solemnidad de los salones vacíos, donde ya solo el viento sabe leer los antiguos mensajes en símbolos de piedra, de las voces de aquellos que vinieron pero ya dejaron atrás tantas batallas; sangre, polvo y agua mezcladas que son el sustrato de la tierra, el fermento del vino y la cerveza del triunfo que ahora bebemos, sigue. Gritando, siguen cantando en lo oscuro de sus antiguos salones, en lo oscuro de sus antiguas murallas, piedra ganada y desgastada a sangre y fuego, a hierro y agua. Cabalgando en llanuras inmensamente desoladas donde cada día era un momento o quizá el último instante. Sudor que riega también la tierra como sal y agua bendecida. Saliva mezclada en aceite y harina como pan compartido. Estiércol que nos cobija, que nos alimenta en cada verdura. Pero somos más que esto. Mucho más. Cantos lejanos entre campanas, verdura, tierra, sequedad que nos curte la piel, dejándonos cicatrices que solo quien nos ama sabe reconocer. Quien dibuja en nuestro cuerpo con sus dedos como orugas, quien siembra en nuestro vientre como lluvia fértil. Ay de la estéril maldice la Biblia, pero solo Dios en su infinita misericordia habla en boca de profetas, y lleno de amor pone en sus labios, la estéril será madre de muchos, solo aquel que es dueño de todas las semillas sabe plantar sembrar en la tierra que es suya, reclamada, a pesar de los intentos vamos e intereses espurios. Solo el dueño de la Tierra sabe hacerla fértil; "espera, espera, ten paciencia", susurra como un amante amando, que sabe debe seguir adelante pero se demora en el instante porque sabiéndose dueño de todo, tiene también el tiempo en sus manos, en el vientre de la tierra nunca sembrada; aquella que llamaban baldía y estéril, se cubre de flores, se deja la sangre y el sudor si hace falta. "Espera, ten paciencia", susurra suavemente aquel que podría desencadenar la tormenta y el fuego en un instante; susurra tan suavemente que hace estremecer hasta los huesos de los muertos. Todo es fértil y fecundo en su Palabra. Aquel dueño de las palabras pone las palabras. Aquel que es dueño de las semillas, las planta las siembra, las hace crecer. Porque le duele hasta el tallo que se troncha o la flor que se deshoja. Y respira y late en la hoja y en el tronco, en el suelo que crepita bajo el sol o retumba bajo la lluvia. Todo es ritmo, todo es vida. Para el Señor de la Vida todo es vida y hace fecundo y próspero lo imposible.

Y aún no te hablé de la nieve. Besitos de agua que el frío preserva y el calor del sol hace descender hasta el llano. Desgastando la piedra, arrastrando materia que hace fértil los suelos y purificando aquello que parecía imposible.
Hay memoria olvidada que pocos quieren recordar. Mineros del pasado, tendidos contra el suelo, desmigando pliego a pliego, capa a capa con la paciencia de un experto para q no se rompa ni desgarre la piel del tiempo, ya frágil en el olvido. La memoria viva se susurra, se canta, de boca a oído, entre risas, llantos o cantos, que todo es la palabra sonora de la tradición no escrita. Quién entona ahora las viejas canciones olvidadas? Hemos dejado paso a los demonios de arena para que perdure nuestra memoria pero sin entender, sin corazón ni cabeza. A esos demonios no les duelen las viejas heridas, ni reconocen la amarga humedad de la tierra derrotada , de la tierra ganada y desgastada, reclamada, reconquistada. No saben ni gustan ese sabor pues son los sentidos por el tiempo desgastados los que también nos enseñan. Cantarán sin voz y no serán escuchados y su memoria, que es la nuestra, caerá en el mismo olvido que nuestros ajados cuerpos. Pero algo debe salvarse si algo es eterno. Porque somos eternos y tenemos esa promesa . Que no nos falte, que no nos basta.