Alborada
Cada mañana, el eco de su presencia en el cielo del amanecer, el rosa de su beso y el brillo azul de su mirada. Cada ocaso, su piel se va dibujando desde el blanco al rosado hacia el azul, desnudándose en estrellas doradas, para ser arropado por el amor más puro y constante, como a un niño. Como a un ángel. ¡Que no nos quiten a los ángeles. Ellos cuidan de nosotros y nosotros debemos también cuidar de ellos!
Porque no quiero una ciudad sin ángeles.
Mensajeros como son del mismo cielo.

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